Como dos vertientes originadas en apartados lugares de una montaña, que en un momento dado funden sus aguas en la impetuosa corriente que desciende a fertilizar el valle, así también dos corrientes de pensamiento, surgidas en lugares y personas distintas, al encontrarse dieron existencia a nuestro colegio.
Fue en los años que siguieron a la segunda guerra mundial que un joven seminarista, inquieto por los problemas de la educación de la juventud de la época, esbozaba un ambicioso plan inspirado en la obra de Monseñor Flanagan (Town Boy's) en el estado de Nebraska (U.S.A.).
Pocos años más tarde, un grupo de familias de San Isidro, preocupadas por la situación imperante en el país en la década del cincuenta, reflejada particularmente en el campo de la educación, se interesan por constituir un instituto de enseñanza en el que se
preserven los principios más caros de nuestra tradición de fe cristiana
y los más puros valores de nuestra nacionalidad.
A la sombra del Movimiento Familiar Cristiano estos matrimonios y aquel seminarista, ahora sacerdote, tuvieron oportunidad de comunicarse sus pensamientos e ideales. Hechas las confrontaciones y armonizados los planes, se fue perfilando con nítidos caracteres el colegio soñado.
Menudearon las reuniones en las que se analizaba el proyecto a los efectos de darle una concreción inmediata; durante el transcurso de estos encuentros fueron incorporándose nuevos y entusiastas adherentes. |

De inmediato se hizo imprescindible hallar el local que fuera escenario de todas las actividades propias de la obra puesta ya en marcha. Fue así como se decidió la compra de una espaciosa residencia ubicada en el Barrio Parque Aguirre, en la intersección de las calles Labardén y Obligado de San Isidro.
Esta primera adquisición significó un notable esfuerzo pecuniario y el sacrificio personal de parte de un reducido grupo de gente que se hizo legalmente responsable de ese paso fundamental en la concreción de la obra emprendida. A este esfuerzo se sumó el trabajo personal de muchos que colaboraron en la transformación de una mansión familiar en el edificio adecuado para el desarrollo de las actividades escolares, así como de su bien cuidado parque en un amplio y despejado patio de recreo en donde los alumnos pudieran realizar sus juegos y deportes.
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